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22 Dec 2011

Ventanas rotas: Reflexiones de fin de año

La ciudad de Nueva York siempre ha presentado un elevado índice de criminalidad; pero en la década de los ochenta era asediada por una de las epidemias de crímenes más severa de la historia.

De pronto, y sin que pareciera ocurrir nada especial, la situación dio un vuelco y cambio totalmente: los asesinatos se redujeron en dos tercios y los otros delitos graves cayeron a más de la mitad. Y todo ello sucedió por lo que los expertos llaman la teoría de las ventanas rotas.

Los criminólogos James Wilson y George Kelling, a quienes se atribuye la autoría de esta curiosa teoría, afirman que el crimen es el resultado inevitable del desorden. La misma sostiene que si se rompe una ventana y se deja sin arreglar, la gente que pase por delante deducirá que a nadie le importa lo más mínimo el asunto, nadie las arreglará y al pasar el tiempo cada vez aparecerán más cristales en el suelo y más ventanas rotas. Según estos criminólogos, en las ciudades hay problemas menos graves como los graffitis, la mendicidad agresiva o los desordenes públicos que equivalen a esas ventanas rotas y que supone casi invitaciones a cometer crímenes más graves.

Considere si quiere un lugar de la ciudad que acumula basura y verá cómo pronto esa basura, si no se limpia, irá aumentando, porque se comenzará a dejar otras bolsa y basuras restantes en el suelo y se continuará tirando cualquier cosa sin valor que seguirá ensuciando.

Una buena estrategia para prevenir el vandalismo es precisamente arreglar los problemas cuando aún son pequeños. Si se repara las ventanas rotas en un período corto, digamos un día o una semana, lo que sucederá es que será menos probable que los vándalos rompan más ventanas o hagan más daños. Por tanto, se puede invertir un proceso epidémico con sólo cambiar pequeños detalles del entorno inmediato. Algo que hizo el jefe de policía de New York, Willian Branton, cuando fue contratado: aplicar la teoría de las ventanas rotas, comenzando por no dejar ni un solo graffiti en las paredes de la ciudad, algo que después se hizo a gran escala cuando, tras la elección de Rudolph Giuliani como alcalde de New York en 1994 y cuando Branton fue nombrado Jefe del Departamento de Policía de la ciudad.

Si de verdad quiere acabar con el desaliento, el pesimismo, la resignación o incluso la tristeza, sentimientos fácilmente contagiosos y peligrosos, tiene que procurar que en su vida personal y profesional no haya más cristales rotos.

Sobre el artículo

Este artículo es una adaptación de la sección Las Verdades del Barquero, usted puede leer el artículo completo en Observatorio de Recursos Humanos y RR.LL. Contacta a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

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